Aquí, atrás de ti,
parados en el acantilado,
el púlpito en donde enseñamos
nuestra cátedra a la nada,
o tal vez a las gaviotas, al mar, las rocas…
El farallón quedó atrás y toco tus senos,
el aire revuelve nuestros cabellos,
se entrelazan porque estoy atrás de ti,
tocando tus senos parados en el acantilado.
Las gaviotas se zambullen,
las rocas perennes,
hay espuma y el viento, suavemente, nos empuja.
Reculamos, sonreímos y me aferro a tus senos.
Abres los brazos y lanzas un grito,
un monosílabo potente que el mar ahoga,
que la espuma traga, que las gaviotas ignoran,
que las rocas perennes.
Atardecemos, atardecemos junto al día
y anochecemos junto a la noche,
caemos junto con el sol
y venimos junto con la luna.
Y yo, naturalmente, toco tus senos.
Nos proponemos que el viento arrecie y nos arroje,
que el acantilado desaparezca de nuestros pies
y caigamos,
tú extendiendo tus brazos y gritando,
yo detrás de ti tocando tus senos,
las gaviotas indiferentes zambulléndose,
la espuma esperándonos,
el mar como siempre,
las rocas perennes…